MASIVO EXODO HACIA LA FRONTERA DE KIRGUIZISTAN
 Miles de civiles huyen tras masacre de centenares de personas en Uzbekistán
 MOSCÚ, 15 (EFE). Miles de civiles que huyen de la violencia en Uzbekistán se agolparon en la frontera con Kirguizistán para refugiarse en el país vecino, mientras continuaba la confusión y el mutismo oficial sobre el número de víctimas causado por el Ejército uzbeko.

 | | Un hombre llora junto al cuerpo de un familiar muerto durante los incidentes que se produjeron en la ciudad de uzbeka de Andizhan. (EFE) |
Activistas humanitarios y médicos cifraron en 500 muertos y 2.000 heridos las víctimas del ataque de las tropas el pasado viernes contra un grupo de rebeldes armados apoyados por miles de civiles que se manifestaban en la ciudad oriental uzbeka de Andizhán.
El presidente uzbeko, Islám Karímov, atribuyó la insurrección a fuerzas integristas islámicas y dijo que en los enfrentamientos solo murieron diez militares y "muchos más" rebeldes.
Y mientras Andizhán volvía hoy a la normalidad y enterraba a sus muertos bajo la atenta mirada de los militares, el centro de gravedad de la crisis se desplazó a Karasu, localidad fronteriza adonde acudieron miles de refugiados asustados por la violencia.
Muchos recorrieron ayer en grupos y a pie los 45 kilómetros que separan ambas ciudades, perseguidos y tiroteados en varias ocasiones por militares que perseguían a los rebeldes fugados de la ratonera de Andizhán, según testimonios recogidos por varios medios.
"En nuestro grupo éramos unas mil personas. Los militares nos dispararon varias veces, pese a que les gritábamos que somos civiles y huimos de Andizhán. Hubo heridos y sé que al menos cuatro personas murieron", relató uno de los refugiados a la agencia rusa Interfax.
Los primeros 6.000 refugiados desesperados llegados ayer a Karasu (antigua Ilichovsk dividida por la mitad por el río Shahrijansáy y repartida entre ambos países vecinos tras la caída de la URSS) se encontraron con la frontera cerrada a cal y canto por ambos lados.
La muchedumbre quemó varios coches de la Policía, arrojó al río un camión militar, prendió fuego a varios edificios oficiales, golpeó a agentes y funcionarios y durante la noche se hizo de hecho con el control de la ciudad, abandonada por las autoridades locales.
Los refugiados repararon un puente destruido sobre el río Shahrijansáy y unos 600 pasaron al otro lado, donde fueron alojados y atendidos en un campamento improvisado de tiendas de campaña.
Funcionarios kirguises confirmaron que 22 refugiados presentaban heridas de bala y necesitaron urgente ayuda médica, y que los demás incluso transportaron a través del río varios cadáveres de sus familiares abatidos.
Sin embargo, posteriormente las autoridades kirguises volvieron a cerrar ayer la frontera por temor a que con los refugiados entraran en el país extremistas que participaron en la rebelión.
En Karasu, muchos habitantes y refugiados pasaron la noche en vela por temor a un asalto del Ejército uzbeko, que cercó la ciudad, sobrevolada de vez en cuando por helicópteros artillados.
Sin embargo, hoy se restableció la normalidad, las autoridades y la Policía volvieron a la ciudad, y el gobernador del distrito fronterizo uzbeko, Malidzhán Kasímov, se puso en contacto con la parte kirguís para abordar el problema de los refugiados.
Las autoridades de ambos países acordaron abrir la frontera durante cinco días, tanto para los refugiados como para los habitantes de la limítrofe región kirguís de Osh, donde predomina la población uzbeka y muchos tienen parientes al otro lado de la frontera.
Al tiempo, en ambas partes se instalaron puestos fronterizos donde los refugiados pasan rigurosos controles de documentación y registros, para evitar la entrada en territorio kirguís de posibles participantes de la rebelión armada en Andizhán.
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